jueves, 16 de febrero de 2017

EN TIERRAS NATIVAS

Hoy Mr Voldemort nos va a deleitar con una entrada basada en la experiencia personal que está viviendo desde el mes de enero. Atentos que no tiene desperdicio:

MI AVENTURA EN TIERRAS NATIVAS

Como ya sabréis (para los que no, os lo cuento ahora… no seáis impacientes) estoy viviendo una  experiencia increíble. Este verano, la loca de mi madre tuvo una idea de las suyas, quería darnos una oportunidad. Así que al final, lo que parecía un sueño lejano, se convirtió en una realidad y el 1-1-2017 estábamos volando para comenzar una aventura. Un viaje que nos va a marcar en la vida, que nos va a enseñar y del que estoy aprendiendo… y es que estoy disfrutando  cada segundo que estoy aquí (que sí impacientes, que ahora mismo os lo cuento). Estamos en Inglaterra. Hemos venido para aprender inglés y conocer una cultura diferente.

Y es que es esto lo que os vengo a contar hoy, centrándome en la educación, y os advierto a los aventureros que sigáis leyendo, vais a quedaros con la boca abierta, agarraros que vienen curvas.   

Antes de comenzar, que quede claro que voy a hablar de la parte de Inglaterra en la que estoy al igual que de la parte de España en la que vivo. Seguro que en cada sitio hay algo distinto y especial.

LOS COLEGIOS:
Creta, castillo de la reina de corazones; Dédalo, el torneo de los tres magos… (Lo sé, lo sé, ahora mismo estaréis pensando que esta mañana he desayunado mal, pero tranquilos, ¡qué impacientes estáis hoy!). Os acabo de dar una pequeña lista de algunos de los laberintos más famosos del mundo, pues bien, desde hoy acabo de nominar a otro candidato al título: mi colegio. Porque hacedme caso, te pierdes, he pasado por esa experiencia. Recuerdo el primer día, yo estaba en medio del patio buscando un adulto que me ayudara a orientarme, creo que yo solito no pasé de la puerta de entrada, ¿o era la de salida?, pues sí que estaba perdido. Es verdad que era el primer día, pero un mes después sigo perdiéndome. Y es que mi colegio inglés (ya siempre va a ir ligado a una nacionalidad) es gigante y con una cantidad de alumnos que responde al adjetivo, 2500 alumnos  aproximadamente, eso sí, sólo de secundaria. Hay unos veinte alumnos más o menos por clase, ya que en las diferentes asignaturas cambiamos de compañeros. Habrá unas 300 aulas. En cuanto a material, la clase de música se lleva el galardón: 15 pianos, 17 guitarras eléctricas, baterías y un montón de instrumentos más que necesitaría un experto para nombrarlos.

Mi  colegio tiene también unas instalaciones deportivas increíbles: un campo de fútbol once, uno de rugby, cuatro pistas de tenis, pistas de atletismo, ping pong, gimnasio, cuatro canchas de basket … Una pasada.

¿Cómo nos educan?
En el siguiente apartado voy a tratar lo que a los niños de hoy en día nos parece educación antigua, de esa que sólo se puede leer en libros de nuestros abuelos, pero que en algunos lugares sigue viva, ganando terreno.

“Sí señor”, palabras que en mi colegio de España ya tratamos como cosas del ejército, aquí son una obligación, por respeto.

Pues sí, aunque no es con esas palabras, ya que lo dicen en inglés. Y es que esto me quedó claro  cuando pedí su nombre a un profesor que me había dicho que era cubano, argentino, mmmm no lo recuerdo bien, ya me vuelve a fallar la memoria. Pues yo quería saber su nombre y a la pregunta el me respondió: Soy “Señor____” . Y es que aquí los profesores tienen prohibido decir el nombre a los alumnos, ¡prohibido! Todos, sin excepción, son  Sir, Mister o Miss. El respeto se vuelve a mostrar cuando entra un adulto en clase, todos los alumnos deben levantarse sin importar lo que estén haciendo en ese momento, y no tienen derecho a sentarse hasta que el adulto que ha entrado se lo permita.

Para lo siguiente que os voy a contar, sé que en algunos  colegios españoles se hace así, pero en el mío no, así que lo cuento (no os quejéis) Cada asignatura es en un sitio diferente, así que tienes que ir cambiando de clases, tú te mueves, los profesores no. Y esto es porque cada clase tiene un material especial para la asignatura que se imparte en ella. Con estos cambios de clase, te puedes relajar o tomar el aire mientras vas de un lado a  otro.

RECREOS
Sí, recreos con “s”. Tenemos dos. Uno a media mañana cortito, de unos veinte minutos, y otro a la hora de comer inglesa, (es diferente a la española, sólo imaginaros que la cena es a las 6:00…)  que dura una hora y es para comer. Mucha gente trae comida de casa “pack-lunch” (mi madre hace los mejores), pero los que no tienen esa suerte hacen algo diferente, algo que yo no había visto en España. Tienen  registrada su huella digital en una cuenta en la que tienen dinero para comprarse comida dentro del colegio. Hay comida de todo tipo, (he llegado a ver sushi y chocolate caliente recién hecho) bastante diferente a la de nuestro comedor y además aquí puedes escoger lo que quieras. Este recreo de una hora se te hace muy pesado así que hay distintos clubes: lectura, ciencias, astronomía… Hasta los más raros: ajedrez, hacer cubos de rubik, películas desastre… Los crean los niños y los mantienen ellos.

ASIGNATURAS
La mayoría de las asignaturas son bastante parecidas,  sin embargo, una de ellas mucho más fácil: matemáticas.

Eso sí, hay tres que son muy diferentes, dos de ellas ni siquiera existen en mi colegio de España.

La primera, educación física, es totalmente diferente a España: aquí, en Inglaterra, vamos al gimnasio y hacemos máquinas: cinta de correr, bicicleta estática… y nos separan por sexos; chicas por un lado y chicos por otro. Además,  aquí vamos siempre con el uniforme y los días que toca educación física nos cambiamos para esa clase.

Las dos asignaturas nuevas son: Drama y educación para la casa. En la primera, hacemos teatro (como Manu cuando juega al fútbol) y nos enseñan las expresiones corporales para comunicarnos mejor.  Y en la segunda, nos enseñan a planchar, coser… cosas útiles para la casa. Ahora, por ejemplo, estamos haciendo unos cojines: primero hemos cortado la tela para hacer las partes del cojín, luego lo hemos planchado para que se quede sujeto, hemos pintado lo que queríamos poner en los cojines y finalmente lo hemos cosido poniéndole el relleno.

LOS EXÁMENES
Sobre este tema no puedo contaros mucho aún, porque no he tenido ninguno, pero me he informado un poco. Me  han contado que exámenes de verdad, no hay hasta dentro de tres años, el curso que equivaldría a 4º de la ESO.

DEBERES
Los deberes, por la experiencia que he tenido hasta el momento, me he dado cuenta de que nos los mandan más en forma de proyectos: te dan una fecha, un proyecto y ese día lo debes entregar. Cosas como: maquetas, powerpoints, cartulinas…

LOS COLEGIOS DE PRIMARIA
Mi experiencia la estoy viviendo en un colegio de secundaria, pero los de los más peques, los colegios de primaria, son un mundo aparte. En la zona en la que vivimos, cada pueblecito tiene su colegio de primaria. Según el tamaño del pueblo, puede tener hasta más de uno, pero normalmente es uno. Son colegios pequeñitos, de una planta, con un parque fuera, con una clase por curso de unos 20 niños, muy acogedores…

Y esta es la experiencia que estoy viviendo en Inglaterra, increíble, espero que continúe así, nos vemos.

Ahora me toca analizar esta magnífica descripción:

En esta ocasión, no puedo hacer una valoración muy objetiva (o subjetiva, siendo un espacio de reflexión personal) de los datos que nos aporta Mr Voldemort pero sí que me llaman la atención varios detalles que comenta en su intensa experiencia británica.


En primer lugar habla de una descripción magnífica de su nuevo colegio. Pero el apunte con el que más me quedo es la ratio de alumnos por clase que nos narra. Considero muy positivo que una clase tenga un volumen de chicos menor al que estamos acostumbrados en nuestro país. De esta forma, el docente podrá tener más facilidades de trabajo y cuidar algo más el seguimiento que pueda hacer a sus alumnos. Creo que es algo lógico, cuanta más gente deba atender, más complejo puede resultar el proceso de atención. Primer punto para los "British"...

La segunda cuestión que quiero resaltar es la cultura deportiva que tienen en los centros. En su momento tuve mi contacto con la educación inglesa y me fascinó cómo organizan sus actividades físicas dentro de colegios e institutos. Infinidad de alternativas deportivas que están al alcance de todos los alumnos, no solo los deportes mayoritarios. Y creo que es positivo para todos, el poder disfrutar de una práctica y tener opciones reales para poder llevarlo a cabo. Igualito que nuestras tierras... Me temo que otro punto a favor.

¡El respeto! Menuda palabrota... Los modales británicos siempre me han fascinado. Posiblemente, en muchos de los casos puede ser más una imagen irreal que tenemos los foráneos, pero me parece muy interesante tenerlo tan presente en las aulas. Lo que pasa es que el respeto también puede "malinterpretarse" como lejanía y creo que ambas palabras y posturas van asociadas en este caso. Lo más adecuado sería conseguir una mezcla de las dos, sobre todo por enfocar un mejor trabajo con el alumnado. Tendría que verlo más de cerca para poder ahondar un poco más... pero punto para los nuestros (aunque hay de todo, claro).

Mr Voldemort habla de dos asignaturas concretas muy diferentes con las que trabajamos en España. Una de ellas es el teatro (dice el "tío" este que se me da bien, pero es mi gran referente en este campo) y creo que debería ser algo a trabajar en las aulas (soy consciente que se hace en algunos centros, como algún contenido específico). Algunas asignaturas cuadrarían con estas habilidades, y posibilitaría un sinfín de recursos para nuestros chicos. Respecto a las destrezas del hogar... ¡Pfuffff! ¡Qué bueno sería para muchos de nuestro alumnos el saber coser un botón, planchar, lavar,...! Adquirir pequeñas responsabilidades que les permita ser gente competente y responsable también en casa, no meros huéspedes que duermen, comen, juegan y beben. Aquí creo que está claro...

Respecto los recreos, pues entiendo que es un modelo diferente, con una cultura de la organización de horarios y comidas que no tiene nada que ver a la nuestra, y de ahí esa distribución. Pero valoro positivamente que los alumnos tengan un espacio de descanso para poder despejarse y que les permita rendir un poco más en futuras acciones educativas. En este caso, habría que analizarlo detalladamente, pero ¿quién no necesita un descanso para poder tirar después con lo que hace?

Sobre exámenes, que dice que no los tendrá hasta el final, no voy a detenerme nada, ya que lo hicimos en entradas anteriores.

Para rematar esta entrada del blog, me quedo con dos cosas:

-La alegría y la ilusión que transmite el "individuo este" en lo que ha escrito. Valoro positivamente que se haya detenido en las partes que más han despertado su curiosidad. Posiblemente, en unos meses podríamos ver hasta algún aspecto no tan bien valorado. Pero me encanta escuchar y recibir sus buenas vibraciones hacia la experiencia que está viviendo.

-La necesidad de conocer mundo. Tener experiencias fuera de nuestro hábitat que nos permita comprender situaciones que otros hacen bien y que nos podría servir para nutrirnos y mejorar el enfoque de lo que hacemos.

Una vez más, buen trabajo "Bicho".

jueves, 12 de enero de 2017

LOS PADRES Y EL DEPORTE ESCOLAR

Sir Alex ha decidido hablar en esta ocasión sobre un tema bastante importante que afecta al mundo de la educación no formal (ámbito educativo no reglado): el comportamiento de los padres en el deporte escolar. Vamos allá:

Desde el inicio de los tiempos, los padres han sido unas figuras a las que queremos sorprender superándonos cada día.

Según me he informado, antes era poco habitual que los padres fueran a los partidos de sus hijos. Pero cada vez más padres, se han ido presentando a disfrutar de los distintos deportes que practican sus hijos el fin de semana. Aunque haya ido aumentando el número de espectadores en los distintos deportes infantiles, muchos padres siguen sin presentarse. Desde mi punto de vista estos son algunos de los motivos por los que los padres pueden no ir.  Porque no les apetece, porque no les gusta el deporte que practica  su hijo, porque no pueden, o la más dura de todas, porque no les dejan. Ya que por motivos que luego explicaré, muchos hijos no permiten a sus padres ir a ver el deporte en el que participan.

Desde luego,  por este famoso “ir o no ir”, no puedes definir como es cada persona. Mucha gente no va a ver un partido por algunos de los motivos antes mencionados, pero luego en casa pueden ser personas geniales con sus hijos. No puedes basar tu opinión sobre una persona en “él va al deporte” que gran persona es y “él no va” que mala persona es. Pues luego, en otros aspectos, pueden ser padres maravillosos los que no van y no tanto, los que sí que van.

Hoy estoy hablando de los padres, al igual que puedo hablar de cualquier persona de la familia: abuelos, tíos, primos, hermanos,... Cualquier persona que vaya a ver el deporte de su familia es incluida en esta reflexión. Toda la familia.

Otro tema que quiero tratar en relación al deporte de los niños, es el respeto.

El primero del que voy a hablar va a ser el respeto a los árbitros. Yo mismo, muchas veces cuando veo un partido, estoy en desacuerdo con el árbitro (más que muchas veces yo diría que casi siempre). Ser árbitro, es uno de los trabajos más difíciles;  hagas lo que hagas,  te van a criticar, te van a pitar y se van a quejar. En los profesionales,  lo entiendo,  pero en niños pequeños… La imagen que den los padres a sus hijos quejándose o insultando al árbitro, es lo que luego el hijo va a hacer. Porque lo que los padres hagan los hijos lo van a repetir,  ya que piensan que es lo correcto.

El respeto a los jugadores: a los del equipo contrario y a los del equipo de tu hijo. Muchas veces, he oído a padres insultar o gritar a algún jugador del equipo contrario. Y lo que consiguen, en la mayoría de los casos, es avergonzar a su hijo. Además,  en caso de que no se ruborice por su culpa,  pasa lo que ya he comentado antes: su hijo aprende mal lo que hay que hacer y lo  va a repetir después.  En el caso de hacerlo con los jugadores del equipo de su hijo, además de lo anterior, pueden provocar  que el niño, al oírlo del padre de un amigo,  llegue a romper  los lazos de amistad con el hijo y el padre. Lo único que el padre consigue, es que el hijo se enfade con él.  Y es por eso, que como ya comenté al principio,  hay hijos que no dejan ir a sus padres a ver sus partidos.

El respeto  a los entrenadores. Muchas veces, cuando no sacan a su hijo, los padres se suelen enfadar y eso lo puedo llegar a entender,  pero lo que no entiendo es que haya “peleas” con los entrenadores por eso. Los entrenadores,  sacarán a quien ellos crean que debe jugar: los que más se esfuercen en los entrenamientos, los que mejor lo hacen, los que no han jugado en el partido anterior… Y eso los padres no lo deberían juzgar. También pueden meter en problemas a su hijo con el entrenador, y  conseguir el efecto contrario, que no le saquen en los siguientes partidos. Puedes también llegar a sembrar la inseguridad  en los entrenadores, que al fin y al cabo,  están entrenando niños. No son de primera división y una respuesta negativa por parte de los padres no ayuda a su formación.

El respeto a los aficionados. En el deporte, muchas veces hay disputas entre  la gente de un equipo  y la del otro. Por decisiones arbitrales, por el resultado y por mil razones más. Normalmente,  no pasa de un par de gritos y rara vez llega a mucho más. Pero cuando llega, los padres no enseñan nada a su hijo, porque aunque tal vez lo que quieran sea defenderle, sería extraño que sintiera agradecimiento por verle pelear con otro señor en su partido. Mucho menos orgulloso se va a sentir si le ve pelear con un padre de su propio equipo. Porque parece mentira, como el deporte puede unir tan fácilmente a la gente, al igual que sencillamente puede separarla. Gente con la que tú te llevas bien desde hace más o menos tiempo, en un segundo te enfadas y puede llegar incluso a terminar la relación. ¿Y por qué?, ¿Porque tu hijo juega y el suyo no? ¿Porque tu hijo no pasa al suyo? ¿De verdad eso es motivo suficiente para una pelea?

De momento, sólo he hablado  de las cosas que pueden pasar durante el partido pero… ¿y las que pasan después? Trataré dos de ellas.

La primera, las críticas de después del partido. Cuando los padres vuelven a llevar a  su hijo a casa, en el coche, se suele comentar con él el partido. Si lo hace mal o no tan bien como el padre se esperaba, él suele “criticar” la actuación de su hijo. Pero eso sí, hay dos tipos de críticas, las constructivas y las destructivas. La primera de las críticas, la constructiva, es una crítica en la que los padres dicen al niño lo que no ha hecho bien. El padre, le habla dejando claros los puntos a mejorar. Hace esta crítica con el único objetivo de que el niño mejore lo que él haya visto mal. Yo estoy totalmente de acuerdo con esta crítica, es ayudar a mejorar. Te dicen lo que has hecho bien y lo que deberías mejorar. En cambio, la crítica destructiva, no tiene como propósito que el niño mejore y no es en un tono afable sino que es para recalcar y echarle la bronca por las cosas que ha hecho mal.


La segunda situación que podría ocurrir después del partido, sería todo lo contrario a lo antes mencionado, el niño se ha hecho un partidazo y el padre le felicita, cosa que me parece genial. Pero a donde yo quería llegar es que muchas veces los padres no  felicitan a sus hijos. Y como niño os puedo asegurar que un simple “muy bien hecho” se agradece y se nota. Y esto es todo por hoy, hasta la próxima.

Ahora me toca a mí:


Para poder hablar de este aspecto, debo retomar mis experiencias pasadas en el mundo del deporte. Soy una persona que siempre ha estado ligada al mundo deportivo, concretamente en el fútbol y fútbol sala. Actualmente sigo disfrutando del fútbol sala como jugador "medio retirado" (Sir Alex dice que me arrastro por el campo) y he estado mucho años como entrenador (10 años) y presidente (5) de un club deportivo de chicos.

Uno de los asuntos que más me alejaron de este entorno durante mi experiencia como educador fue el contacto con las realidades de padres dentro del deporte escolar; quizás, la más determinante para que dejara de estar cerca.

Considero el mundo deportivo escolar como esencial para el desarrollo de cualquier chico. Todos deberían pasar por alguna experiencia (me da igual el deporte aunque mi recomendación se centra en la práctica grupal) y nutrirse de las diferencias competencias o valores que aporta la implicación y práctica de cualquier ambiente: habilidades sociales, autonomía personal, cultura de esfuerzo y de superación, compromiso y sacrificio, construcción de relaciones fuera del colegio, identidad,... Creo que enumerar todas las ventajas supondría una entrada muy amplia, pero estoy convencido que es algo muy bueno para cualquier chico.

El papel de las familias en este ámbito es fundamental en el crecimiento de cualquier chico. Sinceramente, hacen verdaderos esfuerzos (no sólo económicos) para que cada chico pueda disfrutar de un deporte o actividad física: madrugones en los días de "descanso", acompañarlos desde la grada mientras juegan, cuadrar horarios para poder llevarlos a entrenar, dotar de material necesario para que puedan llevar a cabo esa práctica,... e infinidad de sacrificios que muchas veces no somos tan conscientes.

Pero también la presencia de los padres tiene riesgos, y a veces, muy altos. Lógicamente, no sería justo catalogar a un colectivo tan amplio en este juicio de valor que voy a intentar plasmar, pero en muchas ocasiones, nos topamos con un porcentaje de gente que desentona notablemente sobre una mayoría civilizada. Creo que las familias y las entidades del deporte base tienen varios retos por delante:

-Comprender que la práctica deportiva es un entorno educativo y de crecimiento para cada chico. Eso implica que todos nuestros comportamientos, actitudes y comentarios son instrumentos educativos que no siempre utilizamos correctamente o que posteriormente, serán "plagiados" por nuestros jugadores o hijos.

-Eliminar cualquier menosprecio, faltas de respeto, insultos o amenazas de cualquier terreno de juego. El deporte es un ámbito en el que "lamentablemente", está cada vez más aceptado el saltarse ciertas normas de la convivencia social y creo que es un auténtico error. Podemos hacer referencia rápidamente a cualquier plataforma donde podamos ver el comportamiento de aficionados o sus propias actitudes (qué interesante sería hacernos el ejercicio de ser grabados y luego poder vernos tranquilamente, una vez haya finalizado nuestra pasión deportiva, para ver si nos reconocemos).

-Reconocer la imagen de autoridad y respetarla. ¡Cuántos de nosotros nos centramos en la figura de un árbitro y "adornamos" su trabajo o vejamos su propia persona! (con lo difícil que es eso de acertar en directo o tomar una decisión en décimas de segundos). Debemos cooperar para dignificar una figura esencial en cada deporte, independientemente de las decisiones que vayan tomando (y menos si los que lo hacen son críos).

-Animar al jugador a esforzarse y mejorar sus propias capacidades o actitudes. Muchas veces esto solo va acompañado de la victoria, y es un gran error. La derrota también es positiva y necesaria para aprender, y en el deporte base, creo que debería ser el último aspecto a tener en cuenta. ¿Para cuándo una competición sin competir, valorando solamente la participación y el propio disfrute?

-Ofrecer alternativas educativas en el manejo emocional de los jugadores. Un mundo tan importante y tan descuidado en el deporte (mundo de las emociones), donde salen a la luz todos nuestros sentimientos (euforia, ira, rabia, tristeza, dolor, alegría, crispación,...), debería ofrecer la posibilidad de aprender de manera correcta y eficaz para poder crecer de forma satisfactoria y sana.

-Aprender a respetar el rol que desempeña cada uno. Los entrenadores deben ser los auténticos líderes de cada equipo, y el resto, debemos ser meros espectadores que animen a los chicos a seguir. No podemos mezclar funciones ni "comernos" determinadas indicaciones, simplemente por no compartirlas o entenderlas.

Obviamente, creo que releyendo todos estos retos estamos ante algo utópico a día de hoy, pero en mi casa siempre me enseñaron a soñar. ¿Y por qué no...?



viernes, 30 de diciembre de 2016

LOS EXÁMENES

Acabamos el año con una cuestión que nos afecta a ambos, el maravilloso mundo de los exámenes. Nos parece muy interesante contrastar la visión que tenemos sobre ello y los planteamientos que nos surgen cuando vivimos inmersos en estos periodos escolares tan conocidos. Teníamos pensado publicar este artículo hace unos días, pero se nos ha complicado y no hemos podido responder a nuestro acuerdo quincenal. Aún así, os contamos:

Bueno, para este tema, os voy a contar  mi experiencia de esta semana de exámenes, la primera de la ESO. Unas semanas antes nos contaron cómo iban a ser: serían todos seguidos, a primera hora de la mañana, justo en el momento en el que estamos más atontados. Uno detrás de otro día a día. El primer examen la motivación era enorme, veníamos de un puente, no era muy difícil y el curso en ese momento estaba siendo calmado. Era de inglés si mal no recuerdo, una asignatura en la que se valora con cuatro puntos el examen. Era de rodear y pregunta a pregunta todos terminamos el examen. El segundo era de tecnología, otro examen corto pero en uno de los días más duros de la semana; “EL VIERNES”. Otra parte negativa de ese examen fue que nos coincidió con otro de francés. En estas dos asignaturas valen dos y cinco puntos los exámenes respectivamente. El siguiente examen fue otro día fatídico, un lunes. El examen era de geografía, que desde mi punto de vista es la asignatura más difícil. Se valoraba el examen con 6 duros puntos.  Después de este, venía el de biología, que valía 6 puntos, matemáticas 8 puntos y lengua, 6 puntos creo recordar. La verdad es que fueron bastante pesados, no hubo ningún golpe muy duro ni nada malo  y todos pudimos hacerlos bien.
Saliendo de mi experiencia… ¿sirven para algo?

Desde luego, en muchas ocasiones son el reflejo del curso, al igual que un partido es el reflejo de un entrenamiento. Si día a día estudias y te pones a ello, luego el examen te saldrá mejor. Pero algunas veces no reflejan el esfuerzo durante el curso entero sino  el tiempo que estudies el día anterior. Como no, es bastante habitual el: “no hago nada en todo el curso, estudio el día anterior, hago un poco de memoria el día del examen y me arreglo la vida”. Bueno, dependiendo de a lo que quieras llegar o con lo que te conformes. Esto no suele valer para buena nota. Eso sí, te puedes pasar todo el tiempo estudiando solo para un día, para plasmar eso en una hoja de papel y olvidarte al día siguiente, con lo cual el resultado de aprendizaje es cero.

Pero es algo individual, tú decides los objetivos y metas que te pones en la vida, depende de dónde quieras llegar, harás unas cosas u otras. Porque aunque sea mínimamente,  cada examen que hagas va a cambiar tu vida escolar, familiar y personal.

Escolarmente, puede afectar a tu futuro, como ir a una buena universidad por ejemplo. Familiarmente, si tus padres van a estar contentos o tristes, les puedes decepcionar. En mi caso más por la falta de esfuerzo que por las notas. Personalmente, pues la decepción propia como he comentado, (en niños puede cambiar mucho su forma de pensar al suspender).  Y es que muchas veces importa más un examen que la evolución que tú lleves diariamente en clase. Por más que tú te esfuerces, te  portes bien, no tengas problemas nunca, obedezcas y te impliques en todo, si otro niño hace lo que he mencionado de estudiar el día antes, aunque haga todo lo contrario, va a tener igual nota . Porque muchas veces se valora muchísimo más qué tal te salgan un par de respuestas que lo que aprendes durante el curso.

Divertirse aprendiendo. Una opción que todos los profesores hablan de ella como la mejor, la más útil. Hablan más que actúan, porque algunos de los profesores a los que se lo he oído decir, a la hora de la verdad han dejado de defender lo que ellos en un principio creían oportuno.     

“Te motiva más jugar, te aprendes mejor el nombre de unas cartas que los contenidos de alguna asignatura, aprendes más rápido si disfrutas de ello” (Mi hermano) Con esta frase me avivaba mi hermano para seguir escribiendo. Y es que tiene razón, porque tú no pones el mismo empeño en cosas que te aburren o te cansan. Porque te motivas muchísimo más haciendo algo que te gusta y esto no me lo invento yo, se demuestra diariamente. Y para la gente que no lo crea que vean unos de estos juegos de moda y es que que hay nombres más raros que en alguna asignatura y aun así nos los sabemos mejor.

También  voy a hablar de un grupo de exámenes que tuvimos el año pasado: las reválidas. Eran un tipo de exámenes que no se sé si en sexto los siguen teniendo hoy en día. Pero la gracia del asunto es que no valía absolutamente nada. Perdón me corrijo, valía para meternos presión. Y esta es una de las conclusiones de los exámenes. Te meten mucha presión, no te dejan actuar como tú quieres y  esto te desmorona. Tú quieres sentirte relajado para hacerlo mejor pero no puedes. Y es que lejos de ayudar, a  muchos nos provocan ansiedad, estrés y decepciones. O en otros casos alegría.

Antes de colgar esta entrada nos han dado las notas. Un compañero ha llorado por sus notas y la que iba a ser la reacción de sus padres. Y eso, que las notas eran estupendas, pero sus padres según él, se esperaban más.

Con esta entrada cierro el año de 2016. Nos vemos. Os deseo a todos Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo.

Una vez que el "pequeño ser" nos ha expuesto su versión y visión sobre este tema tan interesante, os cuento yo mi percepción acerca del mundo apasionante de los exámenes.

Los exámenes "nacen" en China, hacia el año 600 d. C. Posteriormente, quién comenzó a utilizar este formato de evaluación fue la universidad de Cambridge, Inglaterra, allá por finales de siglo, en el 1792. Desde ese momento, en Europa, se desencadena una gran "atracción" del mundo docente para medir los diferentes resultados y pruebas del alumnado a través de un papel.

Después de ofrecer un poquito de historia (me he tenido que documentar porque no tenía ni idea), voy a intentar ofrecer varios puntos de vista respecto al uso de exámenes en las aulas, algo tan habitual en las últimas décadas y que ha adquirido cada día más valor entre los profesores, alumnos y familias.

El uso de pruebas escritas en el proceso académico es algo aceptado por una gran mayoría de la sociedad, sobre todo porque lo ha vivido o sufrido en sus propias carnes. Nuestra experiencia como estudiantes y nuestras mediciones y progresos se han basado en completar exámenes y superarlos (o pegarnos el golpe). Y como es algo que hemos conocido y experimentado, esta situación nos parece normal y lógica, descartando otro formato o modelo de evaluar. Nos cuesta entender otras formas que podrían ser más efectivas o incluso, más justas.

Al realizar estas evidencias en el aula, los profesores podemos obtener grandes "beneficios":

-Mantenemos a los chicos preocupados hacia las diferentes asignaturas, ya que se juegan sus resultados y les obligamos a "estudiar" en sus casas. Posiblemente, muchos lo dejen para el último momento, pero creemos que es lo adecuado (sería otro tema interesante).

-Contentamos a las familias, sobre todo en edades más mayores, ya que es lo que conocen y aceptan. El resto puede ser interpretado como una "pérdida de tiempo" o argumentar que "esto no es lo que les van a pedir en el mundo real" (no les falta parte de razón en esta última afirmación).

-Tenemos unos resultados objetivos con los que defender los juicios de valor que realizamos al final de un trimestre (las notas). También es un escudo en muchas de nuestras entrevistas y "batallas"  con aquellas personas que no cumplen sus expectativas (qué rápido tiramos de exámenes).

-Es una forma de centrar a un alumno durante un tiempo determinado, de forma individual, hacia la superación y resolución de actividades. También sirve para probar la eficacia y el manejo de la presión. Y ya no hablo del ejercicio de la memoria...

En cambio, viendo el planteamiento actual, cada día soy más reacio a su aplicación en el aula, aunque pensándolo bien, estoy siendo bastante incoherente con estos argumentos porque sigo utilizando este formato de medición en las asignaturas que imparto ¡viva mi congruencia!

-Creo firmemente que un simple examen no es capaz de reflejar el verdadero esfuerzo y conocimiento de un alumno. Tan solo manifiesta aquellas cuestiones que el estudiante ha memorizado y que tras plasmarlo de "carrerilla", olvidan para siempre (en la mayoría de los casos) y no supone un aprendizaje real para su vida.

-En estas pruebas, nos centramos en conceptos que "nunca" más volveremos a utilizar, olvidando que lo más importante en la adquisición de competencias que tengan que desarrollar en un ambiente real.

-La importancia de un resultado sin importar excesivamente el recorrido que han utilizado previamente los alumnos, cuando lo más interesante sería comprobar las diferentes formas de resolver un determinado asunto, sin importar excesivamente cómo se finalizan.

-El uso de una prueba de este tipo en edades tempranas, provocando niños estresados por la urgencia de sacar todo perfectamente.

-Las épocas de exámenes ha adquirido un planteamiento nocivo para los escolares. Los sometemos a una presión desmesurada durante semanas que no tienen fin, donde duermen lo justo, y creamos niños y adolescentes que se tambalean, o se vuelven pálidos, viven en tensión y se juegan todo el trabajo de un trimestre... ¡en una simple hoja!

-El empuje excesivo que se realiza desde casa hacia la obtención de resultados inmediatos. Si el alumno falla, se ve inmerso en un ambiente de empuje y de un añadido de imposición para que supere todos sus retos teóricos (como además, a todas las personas se nos dan tan bien todas las áreas que hemos abordado en el colegio...)

¡Qué agradable sería poder realizarlos como un momento más del día! Acompañado de una buena música, comentarios, creando un clima de relajación, de risas,... 

Para concluir, creo que se nos ha ido un poco la cabeza con este asunto. Soy consciente que es algo que no debemos pensar en eliminar (o quizás sí). Solamente, lo más urgente para mí, es normalizarlo. Entenderlo como una actividad más dentro del aula, sin verlo como la prueba de fuego de cada día...Esperamos que os haya gustado.

 ¡¡¡Feliz año 2017, y ya os adelanto que me ha dicho Voldemort que va a estar cargado de novedades!!!


jueves, 8 de diciembre de 2016

LOS NIÑOS Y LOS MÓVILES

“Las nuevas tecnologías nos acercan a los que tenemos lejos y nos alejan de los que tenemos cerca”.  Voy a comenzar con este juego de palabras que he oído decir a una persona muy cercana a mí hace no mucho y que me ha impactado por la verdad que encierra.

A ver, desde luego nadie puede negar que ese ladrillo que era antes el teléfono, se ha transformado en un objeto muy útil con el que además de llamar podemos jugar, “whatsapperar” e infinitas cosas que me llevaría horas nombrarlas. También podemos navegar por esas aguas del internet que tienen cualquier información que puedas imaginar. A mí la verdad es que me gustan las nuevas tecnologías  como las tablets, ordenadores… Me encantan.

Pero tienen defectos que están cambiando la forma de actuar de la humanidad. Cada vez se nota más como el tiempo que lo utiliza la gente aumenta, horas y horas al día, un exceso. Algunas de las veces es para el trabajo con aplicaciones como notas, recordatorios, correo electrónico… Otras para cuando estas de vacaciones y necesitas saber dónde estás o dónde ir (google maps), sitios dónde comer, el traductor para entenderte con la gente…

Cuando vas por la calle  puedes observar a la gente y están todos enganchados al teléfono y a través de un móvil no se establecen lazos de amistad. También cuando voy a un restaurante puedo ver grupos de amigos o familiares mandando fotos de donde están, con quien… No lo puedo entender porque no disfrutas de esas personas.

Respecto al uso de móvil en niños quiero dejar claro que NO es una necesidad, yo tengo doce años, no lo tengo y vivo bien tranquilo. ¿Por qué digo esto? Pues porque hay niños con mi edad y más pequeños que ya tienen móvil y que no podrían pasar un minuto sin él.

El móvil es llamado “la correa digital” porque a través de ella los padres pueden controlar a los niños cuando estos salen con amigos, cuando se independizan más y bien van solos a casa o después de entrenar se van por ahí y vuelven tarde mismamente. Dentro de eso hay que distinguir, no es lo mismo vivir en Palencia que en Madrid. En Madrid tardas más tiempo en ir al cole, es una ciudad más grande… No digo que en Palencia no pero desde luego es más pequeña así que en esto hay menos necesidad de control.

Pero… ¿para qué? El teléfono dicen que se usa para llamar, eso sí como he dicho antes tiene miles de funciones y a un niño le dejas acceso a todas ellas. La cuestión es si debería ser acceso ilimitado al móvil o a las redes sociales, juegos, internet, etc.  Porque sin control un teléfono es como un mini-ordenador y en manos de un niño, sin control eso es muy peligroso. Un límite desde luego está bien, ampliando funciones y tiempo dependiendo de la edad.  Digo la edad pero es casi más importante la responsabilidad o la confianza en estos casos. Son cosas muy distintas ya que el móvil cuesta dinerito y no se puede perder o romper uno por semana. La confianza que tengan tus padres en ti depende mucho a la hora de la frase: Es que no me fio de ti para esto. Y por ese simple motivo te puedes quedar sin teléfono.

Muchas veces no es tenerlo sino el usarlo, el móvil puede ser de tu padre/madre y que te lo dejen o se lo cojas. Un ejemplo de esto sería cuando los padres van con amigos a tomarse una cerveza y quieren que los peques no les molesten. Y ahí da igual la edad, dejamos el teléfono al niño y lo tenemos un rato entretenido.

Otra pregunta es: ¿se debería comprar un móvil a un niño porque todos los demás lo tengan? No es mi caso pero se puede sentir exclusión social por el típico: Pero si lo tiene todos… Te puedes sentir apartado porque se queda a través del teléfono y tú no te juntas con los demás y eso siempre es una buena excusa. Excusa pero no motivo para llegar a obtener un móvil.

En resumen no es malo pero tampoco necesario yo creo que el problema no está en tenerlo o no tenerlo sino en el uso que se haga de él. Y al fin y al cabo estamos en el siglo de las nuevas tecnologías. Nos vemos...

Una vez que Alejandro ha realizado su valoración, me toca. Reconozco que no me lo ha dejado fácil el merluzo este:

El móvil, ese compañero inseparable de camino que llevamos prácticamente todos a nuestro lado en cada momento del día, se ha convertido en un elemental fundamental de nuestra rutina. Y más si nos referimos a los niños y jóvenes (aunque pensándolo bien, tampoco hay una gran diferencia con los adultos).

Actualmente, tienen entre manos un elemento indispensable para los tiempos que corren. Les permite estar conectados con otros, tener acceso a cualquier tipo de información, escuchar su música favorita, compartir y observar sus redes sociales, apreciar y compartir diferentes tipos de vídeos,... y un montón de facilidades que tardaríamos en explicar durante un buen rato. Pero "no es oro todo lo que reluce". En función del lugar y ámbito que se utilice, podemos obtener lecturas diferentes sobre su uso.

El hogar del chico o de la chica debe ser (desde mi punto de vista) el primer lugar donde recibir sus primeras indicaciones y advertencias sobre su uso. Quién mejor que las personas más cercanas y que más le quieren para "asesorar" sobre la cantidad de usos y posibilidades que nos ofrece un aparato de este calibre, pero sin olvidar aquellos riesgos a los que están expuestos. Es interesante aprender (o también que nos enseñen) juntos pero sobre todo, marcar qué puedo hacer y que me aporta su uso, y también remarcar aquello que no me beneficia y que me molesta y molesta a otros.

También pienso que dentro de un aula es el otro lugar idóneo para trabajar con esta herramienta que encierra tanto potencial, por todas las situaciones de aprendizaje que ofrece. Hoy en día, podría y debería ser nuestro complemento a muchas de las acciones que planteamos en un espacio cerrado, abriendo esa "ventana" a lo cotidiano y a lo real.

Mi verdadera preocupación comienza cuando viven sus tiempos autónomamente, y frente a esta situación, se nos plantean verdaderos retos educativos:

-Equilibrar el tiempo del uso del móvil: debemos hacerles ver qué no es adecuado estar constantemente con los diferentes dispositivos y que conviene disfrutar de un tiempo sin su uso como los descansos, las noches, las comidas, el tiempo de trabajo o estudio,...

-La riqueza de las relaciones reales: es necesario poner en valor lo que nos aporta estar con las personas y del disfrute de las mismas como cualquier conversación, el placer de estar con otros, de prestar atención, de escuchar activamente,...

-La educación y el respeto en los momentos de grupo: "aparcar" nuestros dispositivos en las reuniones familiares, en los círculos de amigos y en los momentos relacionales les hará comprender la importancia de una presencia real y consciente, no solo con acomodar nuestro cuerpo.

-La actitud hacia las redes sociales: considero fundamental educar en lo que compartimos, cómo lo compartimos y en qué situaciones. También fomentar el respeto online en cualquiera de las aplicaciones o redes que van a usar (que no se nos vea en persona, no quiere decir que podamos decir cualquier barbaridad).

-La prevención de la postura corporal y de posibles "enfermedades": comunicarles e informarles sobre posibles consecuencias de un uso inadecuado puede evitar problemas en las espalda o en los dedos, así como en un exceso de dependencia del aparato o alteraciones emocionales "injustificadas".

Cada vez tengo más claro que es absurdo prohibir un elemento que todos hemos incorporado a nuestras vidas. Solamente, debemos enfocar nuestras actuaciones para que todos saquemos provecho de los móviles. No por bloquear algo, vamos a resolver esas situaciones y en ocasiones, hasta podemos provocar el efecto contrario. Considero que necesitamos reconducir la situación y que todos (los adultos primero) debemos aprender a usar este dispositivo.


Por último, felicitar a Alejandro por su entrada, se ha currado mucho este tema. ¡Enhorabuena Voldemort!

jueves, 24 de noviembre de 2016

NOS PRESENTAMOS...


*Hola, me llamo Alejandro y os voy a presentar a la persona que va a comenzar esta aventura bloggera conmigo, MANU.

No sé como empezar pero desde luego en los aspectos en los que le he conocido os puedo asegurar que es una persona que lo vive todo con mucha ilusión y que la transmite a los que estamos a su alrededor. Que si tiene un propósito, lo cumple.
Una persona que se preocupa por los demás, con una cabeza de pájaro loco, llena de ideas magníficas para hacer comprender este complejo mundo.
Tiene la capacidad de hacerte reír en los momentos en los que no te encuentras bien o estás nervioso como los exámenes con unos dictados que te sacan una sonrisa. Se le da bien vacilar para sacarte una sonrisa.
Tiene muchas cosas buenas pero ahora vamos con las malas:
Jugando al fútbol es un PAQUETE, pero de los grandes. Eso sí, siente una pasión por este deporte alucinante, a mi por lo menos me dejó alucinado y eso que yo también comparto esa ilusión.

**Hola, yo me llamo Manu y me toca presentaros al otro personaje. Se llama ALEJANDRO.

Él es un chico que tiene doce años y actualmente, cursa 1º de la ESO. Compartimos el mismo centro educativo, el colegio Marista Castilla de Palencia, aunque hay algo que nos diferencia: él hace como que estudia y yo intento sobrevivir dando clase. 
Pensando en cómo describirle, se me ocurren muchos adjetivos que os ayuden a visualizar a este hombrecillo: entusiasta, soñador, sensible, extrovertido, sociable,... (y paro ya que luego se lo cree).
Es un chico con unas tremendas ganas de descubrir y de aprender, de sumergirse en los diferentes mundos que se le van abriendo o de profundizar en otros que ya conoce. Apasionado de la lectura, las conversaciones y el fútbol (aunque creo que todavía no sabe golpear un balón decentemente). 
Tengo que confesaros algo: hace unos meses me desveló cuál fue su reacción al saber qué íbamos a estar juntos en la misma clase del curso pasado: miedo y lágrimas (menos mal que he podido romper esa primera impresión, porque escuchar esta anécdota me ha hecho pensar mucho en mi forma de actuar ante una clase). A raíz de esta conversación, se puso en marcha este proyecto que hoy estrenamos y que os va a detallar Alejandro.


*Mi idea inicial es hacer los rincones de clase pero en un lugar virtual (http://reflexionesdeunaclasedeprimaria.blogspot.com.es/2015/11/los-rincones-de-clase-hoy-ha-tocado-el.htmlpero también cosas como reflexiones sobre las noticias que están "asaltando" el mundo. Me parece animado, para los lectores y para nosotros, poder poner dos puntos de vista distintos como son el de un adulto y el de un "niño" que aún se está formando. Además de noticias que "asalten" el mundo, cosas que nos impacten personalmente o que nos puedan tanto preocupar como interesar.

La idea general es disfrutar y aprender a conocernos, nuestras opiniones y nuestra forma de pensar.

**Para ello, hemos decidido actualizar nuestro blog con un plazo quincenal. Esperemos que el ritmo colegial nos deje a ambos.

Sinceramente, tenemos mucha ilusión en este proyecto y esperemos que os guste. ¡A por ello!